Innovación y adaptación hospitalaria al COVID-19

Experiencia del Hospital San Rafael de Alajuela en Costa Rica

El sector de la salud ha sido el más exigido durante la emergencia generada por el COVID-19. Toda la estructura de hospitales y centros de salud en la región y en el mundo, ha sido puesta a prueba por la llegada de este virus y el rápido ascenso de los contagios. Se ha requerido, como una primera medida de contención, el establecer estrictas cuarentenas, teniendo como uno de sus propósitos el ganar tiempo, no colapsar el sistema de salud y tener la posibilidad de dar atención a la población.

En este ejercicio de alto nivel de coordinación existen esfuerzos significativos, innovaciones relevantes, transformaciones profundas, que se han realizado en el funcionamiento y estructura de los hospitales, presionados por las actuales circunstancias. Ello ha requerido, además, la rápida adaptación del personal médico y de enfermería a una realidad completamente distinta a la que estaban acostumbrados. Este proceso empieza a generar valiosos aprendizajes.

Es el caso del Hospital San Rafael de Alajuela, que representa un modelo en las acciones de adaptación para la respuesta al COVID-19 y ha compartido aprendizajes con otros hospitales de la región. Así nos lo explica el Dr. César Chaves, CAHI Fellow de Costa Rica, quien actualmente funge como Asistente de Dirección Médica y Coordinación Hospitalaria del Programa de Donación y Trasplante:

“Tuvimos que crear rápidamente flujos para el manejo de los funcionarios del hospital, los pacientes y todos los procesos internos. Esa experiencia y sus documentos asociados pudimos compartirla con el Hospital de Santa Ana en El Salvador, en contacto directo con su director Jorge Jiménez, con quien ya he tenido varias conversaciones. Así nos estamos ayudando entre los hospitales de distintos países.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

Este es solamente un ejemplo de cómo se están produciendo innovaciones y compartiendo buenas prácticas a través de la acción que profesionales de la salud y los CAHI Fellows están desarrollando.

La irrupción de la innovación

Ya el equipo directivo y los médicos del Hospital San Rafael de Alajuela visualizaban el mañana: la telemedicina como vía para la atención de la mayor parte de los pacientes, video llamada con los médicos, consulta virtual con el especialista, activación del expediente digital, todos los procesos administrativos en línea, realización del diagnóstico a distancia, envío de la receta a farmacia, distribución de los fármacos directamente a la casa del paciente.

Este escenario podría parecer ciencia ficción, pero no es la descripción de algo que está lejos en el futuro, se trata de lo que está ocurriendo en la actualidad. En el Hospital de San Rafael de Alajuela se vieron forzados a implementar una seria de cambios por las circunstancias; el estado de emergencia les exigió adaptaciones rápidas e innovaciones indispensables.

El conjunto de transformaciones que se han implementado no se produjo como esperaban y han superado sus cálculos iniciales. Todo el equipo médico y de enfermería, crearon un plan para lo que iba a ser la llegada del primer caso positivo de COVID-19 a través de la sala de urgencias, los protocolos fueron planteados y todos tenían la claridad del proceder en este escenario. Pero sucedió lo imprevisto, el virus ya estaba presente en el hospital y cuando realizaron las pruebas iniciales identificaron algunos trabajadores del hospital contagiados. El Dr. Chaves lo narra así:

“Sucedió de manera inesperada. Arrancamos el 6 de marzo con un equipo de intervención y manejo, línea de orden bajo la cual ya cumplimos 45 días. Empezamos generando divisiones de áreas contaminadas y áreas limpias, establecimiento de flujo de pacientes, flujo de funcionarios, derivaciones de las consultas para áreas fuera del hospital porque entramos en cuarentena.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

¿Cómo iban a reorganizar todos los procesos en esta circunstancia? ¿De qué forma se organizaría todo el personal? ¿Cuál sería la reacción de los demás funcionarios del hospital? ¿Cómo seguir brindando atención a la población en este escenario? Son algunas de las preguntas que surgen ante la realidad que enfrentaron a inicios del mes de marzo. El primer paciente positivo para COVID-19 estaba trabajando en el cuarto piso del hospital, una vez identificado, debían tomar acciones inmediatas. Entraron así en estado de emergencia y cuarentena total.

Cambios internos profundos

“Hay que tomar en cuenta que generalmente uno espera que la emergencia venga de afuera, pero esta vez vino desde adentro del hospital. Tuvimos que crear unos flujos específicos y una nueva estructura de funcionamiento. La primera medida fue cerrar todo el ingreso hospitalario, para controlar el número de contagios que se podían dar dentro de las instalaciones.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

De inmediato se creó el Comando del Sistema de Incidentes, considerando cuatro áreas clave: logística, planificación, comunicación y operaciones. De este modo se inició la coordinación de la emergencia con 1.300 funcionarios activos en el hospital.

Bajo la responsabilidad de logística está el manejo de los insumos y los equipos de protección personal. Los procesos de planificación les llevaron a realizar cambios en la estructura del hospital, derrumbar paredes, crear nuevas salas, sellar espacios con paneles de vidrió, sellamiento de las unidades de cuidados intensivos, todo eso en un lapso no mayor a 48 horas. Comunicaciones es responsable del manejo de las redes sociales, la información que se le da al personal y sus familiares, conversación con los pacientes positivos para COVID-19. En el caso de operaciones, determinar qué espacios se abren y cuáles permanecen cerrados, cómo van a trabajar los médicos y el personal de enfermería, cuál será el flujo del trabajo.

“Muchas cosas tuvieron que ser replanteadas, lo cual requirió un esfuerzo importante de todos los equipos, desde la dirección del hospital hasta el personal médico, de enfermería, de farmacia, administrativo y de mantenimiento.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

También hubo que atender las necesidades de los trabajadores del hospital, pues se presentaron las más diversas reacciones frente a la situación y riesgo de contagio interno. En momentos iniciales de la emergencia, se generaron resistencias internas, reclamos por la forma en que se distribuyeron los equipos de protección personal, negativas a cumplir turnos en la sala especialmente habilitada para casos positivos para el COVID-19. Esta situación evidenció la necesidad de considerar el abordaje del recurso humano y abrir vías de atención y respuesta a las inquietudes, preocupaciones y temores existentes.

Se abrió así el apoyo al personal través de los servicios de psicología y trabajo social, se implementaron charlas informativas para explicar los niveles de riesgo en los diversos espacios del hospital y cómo ello determina el tipo de EPP que se utiliza. Los protocolos de protección y seguridad fueron explicados a detalle y se mantuvo en todo momento el diálogo abierto sobre el funcionamiento de todos los servicios y la responsabilidad de cada funcionario. Estas medidas mejoraron significativamente la situación y redujeron de manera evidente las tensiones internas, además de colaborar con la creación de un ambiente de comunicación clara y confianza.

“Creamos la policía sanitaria, asignando a personas que se encargan de capacitar, dialogar el cumplimiento de las normas y protocolos en todos los espacios del hospital, explicando qué tipo de equipos de protección deben utilizarse, la manera correcta de hacerlo, en cuáles lugares es más seguro estar o recorrer, en cuáles hay más riesgo, entre otras cosas esenciales en este momento. Esto ha sido muy bien recibido por todos.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

Mayores desafíos y grandes apoyos

Todo el proceso ha generado diversas reacciones, algunos desde el temor de contagiarse o llevar el virus a sus hogares, otros más positivos en el proceso de la respuesta que se ha venido implementado. En palabras de los responsables de los cambios desarrollados, el elemento más desafiante ha sido el factor humano.

“Lo más difícil ha sido el proceso con la gente, con los funcionarios, el trabajo de brindar seguridad y confianza, de transmitir tranquilidad. Ha sido importante ponernos en el lugar del personal, darle las orientaciones necesarias y toda la información que permite comprender la manera en que estamos procediendo, así como fortalecer el compromiso de todos.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

Pero también ha habido mucha solidaridad y grandes apoyos, tanto interna como externamente, en una suerte de círculo virtuoso que les ha permitido desarrollar importantes avances en el hospital.

En la medida en que se han tomado acciones con el personal y dentro de las instalaciones, también ha venido cooperación desde afuera. Importantes empresas presentes en Costa Rica han realizado donaciones para las remodelaciones realizadas y disponer de los insumos necesarios para las adaptaciones físicas y tecnológicas.

También ha sido esencial el acompañamiento de la ciudadanía y la solidaridad de empresas cercanas, pues gracias a ello el personal del hospital ha contado con alimentación y cuidados mientras se han mantenido en cuarentena total. Eso, sumado a expresiones de reconocimiento de su valor a través de mensajes en redes sociales y notas de respaldo, ha elevado la moral de todos los equipos, en momentos de alta exigencia.

En las semanas que llevan enfrentando la emergencia, esto ha convertido la respuesta en un acto colectivo de cooperación, donde cada actor se hace indispensable. Finalmente, esto se va convirtiendo en una operación en la que participan los funcionarios públicos, el sector privado y la ciudadanía. El Dr. Chaves concluye así:

“Esto nos ha mostrado de qué somos capaces, nos ha permitido descubrir nuevas capacidades y la alta flexibilidad que poseemos como equipo. Ahora nos sentimos muy orgullosos de lo que hemos conseguido, sabemos que podemos ser innovadores y traer nuevas técnicas en beneficio de los pacientes.” (Entrevista realizada el 20/04/2020)

El cuidado de la salud mental y la integración de la comunicación digital para fortalecer resiliencia social frente al COVID-19

Este artículo forma parte de una serie vinculada al trabajo de CAHI y la Red CAHI Fellows, quienes están desarrollando diversas acciones de respuesta, intercambiando información y aprendizajes de manera constante. La red CAHI Fellows está conformada por líderes y agentes de cambio social en el sector salud.

En momentos de dificultad e incertidumbre, como el generado actualmente debido a la Pandemia COVID-19, se tiene más presente la importancia de estar saludable. En esta oportunidad y debido a lo desafiante de la situación actual, no solamente aparece como relevante la salud física, sino que también empieza a ser abordada en múltiples niveles la salud mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud, han alertado sobre este aspecto y generado un conjunto de lineamientos para abordar el cuidado de la salud mental y las dinámicas psicosociales que la actual emergencia de salud genera. La OMS/OPS reconoce que “las autoridades alrededor del mundo están actuando para contener el brote del COVID-19. Sin embargo, esta época de crisis está generando estrés en toda la población.” (OPS, marzo 2020, Recuperado de: https://www.paho.org/es/documentos/consideraciones-psicosociales-salud-mental-durante-brote-covid-19).

Muchas de las recomendaciones de estos organismos están asociados a medidas básicas de autocuidado, que no solamente incluyen las acciones necesarias para evitar el contagio o recibir cuidados adecuados en caso de contraer el virus, sino además están dirigidas a atender el balance emocional y la salud mental.

Entre las indicaciones más resaltantes están elementos como: limitar el tiempo de exposición a noticias en redes sociales, sólo consultar fuentes oficiales y autorizadas, mantener el contacto telefónico (o por otros medios digitales) con familiares y amigos, evitar la estigmatización de personas con la enfermedad, brindar apoyo a otras personas y dedicar tiempo a identificar, conectar y amplificar historias positivas y alentadoras.

En estos momentos es también fundamental contar con posibilidades de apoyo, para poder conversar sobre lo que sentimos, compartir experiencias y visiones, contener nuestras ansiedades y temores. Los medios de comunicación digital hoy nos dan la posibilidad de encontrarnos y abrir conversación sobre lo que estamos atravesando en los tiempos actuales, constituyendo un apoyo de gran valor.

Existen diversas iniciativas en toda la región y el mundo, generadas por personas y organizaciones, para brindar apoyo y contención emocional, primeros auxilios psicológicos, acompañamiento y herramientas para el fortalecimiento de la resiliencia individual, grupal y comunitaria.

Este es el caso de muchos emprendedores y líderes sociales de la Red CAHI Fellows, quienes están activos en toda Centroamérica aportando soluciones y tomando acciones decisivas para atender a las personas en recuperación del COVID-19, prevenir contagios, cuidar al personal de la salud, fortalecer los sistemas de atención y brindar información oportuna a la población.

En la línea de salud mental, resalta el trabajo de dos organizaciones con misiones complementarias, se trata del equipo de Teen Smart (Costa Rica y del emprendimiento Tu Consejería (Guatemala), quienes brindan sus servicios de apoyo para toda América Latina.

Incertidumbre y salud mental

Para Víctor Juárez, CAHI Fellow fundador de Tu Consejería, la emergencia generada por el COVID-19 ha impulsado la conciencia de todos con respecto a la importancia de cuidar la salud mental. El comenta que “hace 5 meses era un tema de difícil abordaje, no todas las personas aceptaban su relevancia; ahora eso cambió, todos entienden que es esencial cuidar la salud mental y están más dispuestos a hablar con un especialista.”

Adriana Gómez, CAHI Fellow directora de Teen Smart, agrega que “nadie estaba preparado para la pandemia, todos hemos sido sorprendidos y estamos manejando altos niveles de incertidumbre, pero frente a eso nosotros creemos profundamente en la resiliencia de nuestro equipo y de las personas.”

Resaltan dos ideas de la situación global actual: la primera es que la afectación en la salud mental y el impacto psicosocial de este acontecimiento es tan relevante como el efecto sobre la salud física, constituyendo un aspecto vital a ser atendido, para sostener e impulsar la superación de la crisis y el desarrollo de nuevos escenarios en todos los sectores de la sociedad; la segunda es que el efecto de la emergencia está obligando a reconocer la unidad entre el estado mental, emocional y físico, como ámbitos que hay que cuidar de manera integrada, tanto en lo individual como en lo comunitario y social.

Si bien estos planteamientos no son nuevos para los psicólogos sociales y otros especialistas, si es un cambio significativo el que la población general esté sensibilizada al respecto y en la búsqueda de opciones para lograr mayor equilibrio interno y fortalecerse frente a la incertidumbre.

Mirando hacia el futuro

Los CAHI Fellows Víctor Juárez y Adriana Gómez reconocen que la posibilidad de conexión digital es una vía segura y rápida para que la población acceda a servicios de salud mental. Si bien existe una brecha en el acceso a las tecnologías de información y comunicación, sin embargo, existe en la actualidad una alta penetración de dispositivos móviles en todos los sectores de la población de América Latina y el Caribe.

Es a ello a lo que apuestan las iniciativas de Teen Smart (desde Costa Rica) y Tu Consejería (desde Guatemala), a un acceso directo y sencillo por medio de los teléfonos móviles, para recibir acompañamiento de especialistas en salud mental, capacitación en temas clave e información de valor, que permita a las personas tomar decisiones informadas y lograr mayor balance interno.

Adriana nos comenta que “en momentos como este es muy importante tener conocimientos, pero también hay que trabajar las actitudes y motivaciones para lograr cambios de comportamiento. Nosotros estamos enfocados en lograr prevenir conductas de riesgo, promover destrezas para la vida en liderazgo personal.”

El abordaje de Teen Smart es integral, dirigido a adolescentes y jóvenes entre los 10 y los 24 años, considerando proceso de capacitación en temas como destrezas para la vida, prevención de conductas de riesgo, navegación segura en internet, prevención de la violencia, relaciones de pareja y salud sexual y reproductiva.

Estas capacitaciones, al igual que todos los servicios de apoyo y acompañamiento que ofrecen, son completamente gratuitos. El equipo de Teen Smart percibe que en este momento el servicio es más pertinente y necesario, porque se requiere de la generación de muchos cambios en el comportamiento de jóvenes para hacer frente a la emergencia actual y la crisis que se está generando en consecuencia. Adriana agrega que “sabemos que ellos necesitan información adecuada a su edad, que requieren motivación y fortalecimiento de valores para tomar decisiones, que esperan un acompañamiento que lo les juzgue, abierto a escuchar sus sentimientos y promoviendo el pensamiento crítico.”

En una línea similar se mueve el emprendimiento Tu Consejería, que brinda servicios de acompañamiento con especialistas a través de mensajería instantánea (chat). Se trata de un proyecto que democratiza el acceso a servicios profesionales de salud mental, facilitando el acceso gratuito y a muy bajo costo, inicialmente para jóvenes, pero actualmente abierto a cualquier persona que lo necesite.

Víctor, fundador y director de este proyecto, identificó que muchos jóvenes en el país y la región experimentan baja autoestima, lo cual les hace tomar decisiones que en ocasiones van en contra de su propio bienestar. En su proceso de investigación y reflexión, entendió que era importante acompañar a estos jóvenes en un proceso de cambio, de autovaloración y cuidado personal; identificó que la mejor vía para brindar este apoyo era el contacto a través de mensajería instantánea.

“A veces el tema de la salud mental se aborda como tabú, se estigmatiza, pero debe ser una prioridad para todos y recibir apoyo de un profesional debe convertirse en algo natural y accesible para todos. Por eso reuní a psicólogos, psicoterapeutas y otros especialistas para brindar esta atención, con un protocolo que se sigue de manera estricta, garantizando la confidencialidad y seguridad de todos,” nos explica Víctor Juárez.

Tu Consejería ha desarrollado experiencias de atención a población refugiada y migrante (especialmente retornados), además de otros sectores tradicionalmente marginados e invisibilizados. Teen Smart brinda desde el año 2004 servicios para el fortalecimiento de la resiliencia y el impulso al desarrollo de personas jóvenes, brindando servicios de capacitación, difusión de información de valor, asesoría y acompañamiento, así como cuidado de la salud mental.

Estos proyectos son un ejemplo de como la combinación de una visión poderosa, el abordaje a un problema social identificado con claridad, la integración de las capacidades humanas con el uso de la tecnología, pueden transformar realidades y brindar apoyo en situaciones tan desafiantes como la actual, fortaleciendo la capacidad de respuesta de jóvenes y toda la población frente al COVID-19.

Las personas primero

De la conversación con estos CAHI Fellows emergen algunas consideraciones de cara al futuro. Creemos importante reflejarlas aquí:

  • La salud mental es una de las prioridades, ahora durante la emergencia, para afrontar la crisis y los procesos de cambio profundos que se requieren en las personas, comunidades y la sociedad en general.
  • Muchos jóvenes enfrentan la pérdida de la continuidad educativa, la merma significativa de los ingresos familiares y la disminución de oportunidades de empleo. Frente a esa realidad se requiere de un mayor acompañamiento, integrando herramientas para pensar creativamente, generar alternativas educativas novedosas y generar oportunidades innovadoras.
  • Hay que seguir pensando en el desarrollo de las personas, el cuidado de la salud mental y emocional, los abordajes psicosociales, en lo cual las tecnologías son un punto de apoyo importante para la atención a distancia en zonas a veces marginadas, así como el acceso a estos servicios a muy bajo costo.
  • Como nunca, hoy se requiere la interdisciplinariedad y la cooperación entre diversas iniciativas y organizaciones. En el caso de Teen Smart y Tu Consejería, la combinación de especialistas en tecnología, programadores, especialistas en salud mental, asesores, emprendedores, educadores expertos en convivencia pacífica y prevención de la violencia, entre muchos otros, está siendo esencial.

De esta manera, se están cayendo muchos paradigmas y permitiendo que agentes de cambio social como ellos den un paso adelante, ofreciendo alternativas que dan esperanza frente a los desafíos que, como sociedad global, enfrentamos en la actualidad.

Comunicación para el cambio de comportamiento (1)

En momentos como el actual, se ha puesto de relieve la necesidad de cooperación de toda la ciudadanía y organizaciones en los países del mundo, para la coordinación de acciones que permiten enfrentar y superar la emergencia del COVID-19 y la crisis que se ha generado como consecuencia.

Esto ha implicado, en muchos niveles, un cambio de paradigma, exigencia producida por una situación sin precedentes, caracterizada por la incertidumbre. Frente a esta realidad, las reacciones son diversas y van desde quienes resisten al cambio a la espera de la “vuelta a la normalidad,” hasta aquellos que están abogando por transformaciones en la política, la economía y las prácticas sociales.

Sea cual sea la postura que se adopte, lo cierto es que la pandemia está requiriendo cambios de comportamiento en todos los sectores sociales, una exigencia que parece se extenderá en el tiempo no solamente en lo que respecta a la conducta ciudadana, a la participación pública, sino también al manejo de los procesos de comunicación con las instituciones del Estado, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y, finalmente, con la población general.

Este texto es el primero de una serie en la que abordaremos algunas reflexiones y principios relacionados con prácticas de comunicación para el cambio de comportamiento. Esto es lo que consideramos esencial en el momento actual, para mejorar las prácticas comunicacionales:

  • Entender que se trata de personas comunicándose con personas. Esto es primordial para el abordaje de la comunicación, pues en todos los procesos y toma de decisiones están seres humanos que enfrentan sus propios temores, emociones y necesidades. Cuando entendemos esto, podemos abordar las dinámicas de comunicación de forma más humana y adecuada.
  • Tratar con dignidad a todas las personas. Se parte del principio de que todos tenemos capacidades y habilidades, así como recursos diferenciados para actuar y hacer frente a la crisis. Muchas veces se comete el error de subestimar a las personas en situación de vulnerabilidad, o a discriminar por distintos motivos. Pero es muy importante tratar a todos los seres humanos con dignidad, con respecto.
  • Abrir oportunidades de servir y participar. El trato digno lleva además a abrir canales de participación. En momentos de emergencia es necesaria la actuación rápida de un líder que pueda tomar decisiones, pero no es sostenible ni positivo que quienes están en posiciones de liderazgo se aíslen del resto de las personas. En situaciones críticas los seres humanos queremos participar y colaborar, de modo que si se abren oportunidades para ello muy pronto habrá una red de apoyo compartiendo las cargas de la situación que se enfrenta.
  • Elegir metáforas constructivas y dejar el discurso de guerra. Se ha normalizado el discurso de guerra para hablar de la actual emergencia, llegando a hablar el virus como un enemigo invisible y resaltando el número de decesos. Este discurso además se compagina con la exacerbación de los nacionalismos, combinación que lleva rápidamente a la violencia y la separación, a la discriminación y la agresión. El momento actual requiere de un uso distinto de la imaginación, abriendo la posibilidad de resaltar las acciones de cooperación, las historias de superación, las experiencias de personas que se han recuperado, el esfuerzo del personal de salud. La metáfora es la del liderazgo participativo, la del esfuerzo coordinado de todos, la interdependencia de un mundo de democracias y valores compartidos.
  • Compartir una narrativa de inclusión y esperanza. La narrativa inspiradora, movilizadora, que conecta, es de inclusión de todos, de cooperación con la población más vulnerable, de asumir los riesgos en la acción colectiva. De allí se produce la esperanza de poder superar la adversidad actual sobre una base real y experimentada a través de la cooperación. Sin negar los desafíos actuales y los que se proyectan a futuro, se resalta la capacidad colectiva de hacerles frente y se fortalece la resiliencia social.
  • Responder a las necesidades de información que tienen las personas. Esto requiere escuchar las preguntas de las personas, de la población, las inquietudes reales que no se presentan como reclamos o como la idea que tienen unos pocos con acceso a hablar en los medios de comunicación; sino que son las dudas del colectivo, que pueden llevar a procesos de diálogo generativos. Igualmente, las respuestas no las tiene un solo grupo o únicamente las autoridades, sino que se elaboran en diálogo con todos los sectores.
  • Incluir a las personas en situación de vulnerabilidad. Ello exige un profundo cambio de paradigma y de formas de abordaje, porque se trata de escuchar y permitir su participación, con el impulso y desarrollo de sus habilidades de resiliencia, sus capacidades para generar cambios en sus propias vidas y tener impacto en la sociedad. Es fundamental incluir a todos en la conversación para poder encontrar soluciones sostenibles a los problemas que enfrentamos, avanzando así hacia la superación de las desigualdades.

Estos abordajes facilitarán el desarrollo de estrategias de comunicación y mensajes adecuados, no solamente para responder a la emergencia del COVID-19, sino para promover cambios profundos y duraderos conducentes al desarrollo humano y social. En su conjunto configuran una visión de las dinámicas de la innovación social.

Son además una base esencial de los procesos de comunicación para el cambio de comportamiento, como ideas fundamentales para el desarrollo de tácticas que conecten emocionalmente a través de la creación de imágenes para otra narrativa, que se vinculen a las aspiraciones de la población y faciliten la cooperación de todos los sectores sociales.

Innovación Social Digital en la producción de protectores faciales para personal de salud que atiende pacientes con Covid-19 en Honduras

El desarrollo tecnológico está produciendo cambios en todos los ámbitos de la vida. Lo que se conoce como la revolución industrial y era tecnológica, ha transformado la concepción de las formas de comunicación, modelos de negocio y metodologías para la transformación de las organizaciones y su impacto social.

El proceso de transformación que está generando lo digital y el avance tecnológico, parece continuar acelerándose. Son exponenciales en la medida en que se amplifica su impacto y alcance, se reducen sus costos e impulsan cambios rápidos en los ámbitos económico y social.

Estos procesos están ocurriendo no solamente en el ámbito comercial, sino que además se están generando en el espacio del desarrollo social, e incluso frente a situaciones de crisis o emergencia. En la medida en que las nuevas tecnologías se hacen más accesibles, se multiplican las posibilidades creativas de aplicaciones que generan valor social.

Este es el caso del movimiento nacional hondureño Güiran (que en lengua indígena Lenca significa pueblo), el cual se gestó a partir del trabajo de voluntarios con impresoras 3D en sus hogares, quienes comenzaron la producción de protectores faciales de bajo costo para apoyar a los profesionales de la salud.

Lo que comenzó como una iniciativa ciudadana modesta, se ha convertido en una cadena de interacciones y colaboraciones que en todo el país moviliza a casi 300 personas en distintas labores.

Este no solamente es un ejemplo de aplicación de tecnologías exponenciales frente a una emergencia de salud, generada por la Pandemia COVID-19, sino un modelo de procesos de innovación social, con la colaboración de diversos sectores sociales.

Todo comenzó con la iniciativa individual

La necesidad se hizo evidente, a través de las redes sociales (FB y TW principalmente) y servicios de mensajería instantánea (WhatsApp) se multiplicaban los mensajes de alerta ante el coronavirus.

En Honduras, como en otras naciones de Centroamérica, una de las preocupaciones giraba en torno a la disponibilidad, para los trabajadores de la salud, de los equipos de protección mínimos para hacer atender a los pacientes contagiados: protector facial, guantes y uniformes.

A través de los medios digitales, particulares que contaban con impresoras 3D comenzaron a ofrecer su ayuda para producir los protectores faciales.

Estos fueron los primeros pasos de un proceso que generaría posteriormente la articulación de otros actores. De individuos comunicados por redes sociales y mensajería instantánea, se pasó a pequeños grupos que se coordinaban entre sí para atender distintas áreas de la ciudad o del país. Luego aparecieron otros voluntarios, para abastecer de los insumos necesarios (materia prima) a los productores; posteriormente quienes se encargarían del ensamblaje y distribución.

Diversos actores y sectores se sumaron

La evolución orgánica de este proceso llevó a una mayor coordinación y a la entrada de nuevos actores que, viniendo de sectores diversos, aportaron valor y dieron un impulso a la producción de protectores faciales.

Es así como distintas ONG comenzaron a participar, para dar figura legal a la colaboración y ofrecer una plataforma institucional. Organizaciones como Guala (nombre que en Lenca significa mano), dedicada a la producción de prótesis de mano y antebrazo a través de impresión 3D, se sumaron a la colaboración con otros actores sociales para la organización e interacción formal con otras instituciones que rápidamente prestaron su colaboración. Este paso también ha sido clave en la recolección de fondos a través de donaciones privadas y de particulares.

De acuerdo con Elena Aguilera Murillo, quien es CAHI Fellow, ingeniera biomédica y cofundadora de Guala y quien está trabajando como voluntaria para Güiran encargándose de la logística en la zona centro sur de San Pedro Sula, este movimiento “se generó de forma espontánea, orgánica y rápida; hoy somos casi 300 voluntarios, muchos no nos hemos visto las caras, pero nos coordinaos a través del chat, las notas de voz y las redes sociales.”

Posteriormente se sumó la UNITEC, Universidad con sedes en Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba, institución que ha sido la plataforma de gestión de salvoconductos con la Secretaría de Salud, ha facilitado los espacios como centros de acopio para donaciones en espacies y para el montaje y funcionamiento de las líneas de ensamblaje y desinfección de los protectores faciales.

Profesionales de la salud, principalmente biomédicos y médicos voluntarios, han certificado técnicamente el diseño, la selección de materia prima y los procesos de producción, para que cumplan con los estándares internacionales y sean seguros para su uso en los centros de salud, frente a las necesidades actuales y siguiendo los protocolos de la OMS.

También entraron en la cadena las Fuerzas Armadas Nacionales, quienes brindan su cooperación en temas de transporte de materias primas entre ciudades, además de poner a disposición sus tallerdes de manufactura industrial.

A través del trabajo voluntario de todos los actores involucrados, con una alta proporción de participación ciudadana, se están distribuyendo en períodos de 15 días más de 500 protectores faciales.

Elena afirma que “una emergencia saca lo mejor y lo peor, y en este caso ha sacado lo mejor, porque estamos aprovechando las herramientas que tenemos, demostrando que sí podemos trabajar colaborativamente de forma remota, con un esfuerzo voluntario de alto nivel profesional.”

Desarrollo futuro y sostenibilidad

A medida que esta iniciativa avanza, quienes están involucrados en ella empiezan a visualizar próximos pasos y a buscar formas de sostenibilidad.

Un elemento importante es continuar mejorando los procesos de producción y de intercambio de información, lo cual es posible gracias a las tecnologías en uso y porque hay un equipo pensando de manera exponencial.

Se visualiza la generación de otros dispositivos e implementos, como campanas de aislamiento a utilizar en los hospitales y centros de salud, y a mediano plazo de respiradores mecánicos. Surgirán en el camino otros requerimientos y posibilidades de aplicación tecnológica.

Para la futura producción de respiradores, la UNITEC brindará su apoyo técnico en los procesos de desarrollo de prototipos, en análisis y verificación de su funcionamiento dentro de los laboratorios de biomedicina. Se genera así un proceso de investigación en el cual colaboran las facultades de ingeniaría y ciencias de la salud.

Con respecto al financiamiento de la operación, por el momento es sostenida por donaciones de particulares, apoyo de pequeñas y medianas empresas, y el trabajo voluntario de centenas de personas. Para el futuro, se espera movilizar recursos del Estado, de la Cooperación Internacional y del sector privado.

Una de las claves será la creación de un modelo que permita seguir produciendo y distribuyendo a gran escala y bajos costos, generándose un retorno de la inversión para sostener la iniciativa no solamente durante los próximos meses de emergencia frente al Covid-19, sino en los años posteriores.

Innovación Social y Tecnologías Exponenciales

El movimiento Güiran es un ejemplo de como las tecnologías exponenciales aumentan el impacto social de una iniciativa organizada que busca resolver un problema colectivo, en este caso asociado a la Pandemia COVID-19. También nos muestra la dinámica de la innovación social en la coordinación de organización de diversos sectores, con creatividad y adaptabilidad.

Elena Aguilera Murillo nos cuenta que la tecnología “ha tenido un papel fundamental, pues sin las plataformas tecnológicas no hubiésemos podido avanzar así de rápido y con esta efectividad. Nuestras bases de datos, notas de solicitud, actas de donación, las comunicaciones, todas las reuniones, todo se maneja de forma virtual.”

Algunas de sus características esenciales son:

  • Como proceso de innovación social, resalta la participación de todos los sectores sociales: el sector público, el sector privado y la sociedad civil organizada. Dentro de este último destaca el rol de las Universidades y las ONG.
  • Es un proceso de aprendizaje colaborativo e implementación de soluciones centrado en el ser humano y con metodologías ágiles. En el proceso han tenido que generar prototipos, probarlos y hacer ajustes, tanto en la producción de los protectores faciales como en el proceso de ensamblaje, desinfección y distribución.
  • Las tecnologías han sido fundamentales, tanto las de información y comunicación (información en la Web, intercambio de datos, correos electrónicos y mensajería instantánea, grupos de colaboración en redes sociales), como las relativas a la producción de las máscaras (sistemas informáticos, software de diseño e impresoras 3D).
  • Las tecnologías de información y comunicación han facilitado la cooperación internacional, permitiendo interacciones con profesionales de Perú, Colombia, Costa Rica y Estados Unidos.

Queda resaltar que en el caso de la ONG Guala, aunque se mantiene en su ámbito de acción (Ingeniería Biomédica), ha debido generar cambios internos y abrir espacios para producir un bien necesario que antes no formaba parte de su oferta. Esta transformación le ha permitido a su equipo aprender nuevas maneras de organización, de comunicación, y agilizar sus dinámicas de producción.

Igualmente se han fortalecido las redes de trabajo y el país hoy tiene una capacidad de producción de dispositivos e implementos médicos en mediana escala, la cual puede crecer si se le da impulso a la sostenibilidad de esta iniciativa ciudadana.

Comunicación de riesgos basados en la comunidad

Uno de los elementos importantes a ser considerados durante la emergencia producida por el COVID-19, es el conjunto de imaginarios desde los cuales se aborda la respuesta, así como las formas de comunicación que se utilizan para interactuar con la población.

Frente a una crisis como la actual, se requieren sin duda algunas medidas comunicadas desde un liderazgo fuerte, que toma decisiones claras y establece marcos de acción, para que los factores de riesgo sean mitigados y la coordinación de acciones de atención sean las adecuadas. En este caso, se trata de prevenir la propagación del Coronavirus y establecer una dinámica clara de información actualizada y constante.

Pero hay otra perspectiva que es necesario adoptar, otra línea estratégica que se hace indispensable en momentos como el actual para todos los países de América Latina y el Caribe durante el avance de esta Pandemia. El primer elemento fundamental, que se desprende de la perspectiva de la Comunicación para el Desarrollo, es la participación de la comunidad, el acto de considerar a los ciudadanos aliados activos (no receptores pasivos) para la difusión de información y la generación de los cambios de comportamiento que se requieren en esta situación. 

Se trata de la Comunicación de Riesgos Basada en Comunidad o Comunicación de Riesgos y Relacionamiento con la Comunidad (Risk Communication and Community Engagement – RCCE),  que establece como prioridad «la conexión y comunicación sistemática con las personas y comunidades, para motivar y facilitar la adopción de comportamientos saludables, y prevenir la propagación de enfermedades durante eventos de salud pública.» (RCCE Actuin Plan Guidance: COVID-19 Preparedness & Response. IFRC – UNICEF – WHO).

Se hace necesaria la apertura de canales de comunicación, no solamente de difusión de información, para que sea la propia ciudadanía, como actor responsable y socio de vital importancia para enfrentar la emergencia, quien se haga cargo de adoptar, difundir y promover los cambios de comportamiento necesarios (distanciamiento social, mantenerse en casa, lavado constante de las manos, de los espacios y superficies). 

Este abordaje permitirá, como ya se ha probado en otras regiones del mundo, recolectar información y sugerencias de la comunidad para guiar la respuesta; abordar las preocupaciones, miedos, creencias, inquietudes y rumores de forma adecuada; compartir sugerencias pertinentes para la toma de acciones y que apoyen a las personas a asumir prácticas saludables que limiten la propagación del virus. 

Una estrategia de RCCE, facilitaría:

  • La comprensión de los temores presentes y los rumores que se difunden en torno al Coronavirus, información útil para dar una respuesta. 
  • Construir o fortalecer la confianza de las personas en el sistema de respuesta, así como reducir los miedos, estigmas y desinformación.
  • Hacer circular la información por distintos canales y permitir una conversación real, a través de líderes comunitarios o personas con influencia en la opinión pública, como aliados en la difusión de datos y en la promoción de los hábitos sanitarios adecuados. 
  • Asegurar la participación activa de la ciudadanía en la prevención del contagio del virus y la mitigación de su propagación.  
  • Identificar y apoyar soluciones y respuestas creadas por la comunidad. 
  • Asegurar que los grupos más vulnerables están incluidos y son escuchados en todo el proceso. 

Comprometer a las comunidades es un proceso complejo, que va desde la cooperación para compartir o difundir información, hasta la toma de decisiones compartidas y la colaboración en las acciones de respuesta y atención a la población. Distintos sectores, agrupaciones civiles, organizaciones sociales, están ahora sumando esfuerzos para hacer uso de toda la capacidad social (humana y estructural) en esta emergencia. 

Recordemos entonces que es nuestra responsabilidad hacer lo necesario, en nuestros contextos y con las capacidades que tenemos, para fortalecer las acciones de respuesta y hacer frente a los efectos que la pandemia está teniendo en todos los ámbitos de la vida social, los sistemas políticos y económicos. 

La comunicación como proceso y estrategia, es el núcleo para producir interacciones constructivas y positivas, así como la vía para protegernos de la desinformación y los rumores. La superación de esta crisis está en manos de todos los ciudadanos, que con información, sensibilidad y conciencia social, podremos tomar mejores decisiones y cooperar con quienes están en mayor situación de vulnerabilidad. 


Les dejo dos recursos de mucha utilidad, consultados para preparar este artículo: 

RCCE Actuin Plan Guidance: COVID-19 Preparedness & Response. IFRC – UNICEF – WHO.
https://www.who.int/publications-detail/risk-communication-and-community-engagement-(rcce)-action-plan-guidance

Community engagement for public health events caused by communicable disease threats. European Centre for Disease Prevention and Control. https://www.ecdc.europa.eu/sites/default/files/documents/community-engagement-guidance.pdf