La primera vez que tuve contacto con una práctica restaurativa, fue a través del círculo de diálogo, facilitada por Miguel Tello (Director Ejecutivo de la Fundación Strachan y facilitador de prácticas restaurativas) en el marco de un curso de Liderazgo Positivo desarrollado por UPEACE Centre for Executive Education.

Me impactó profundamente la sencillez del abordaje, la sensación de estar en un ritual especial y al mismo tiempo en un proceso sumamente natural: todos sentados en círculo y esperando nuestro turno para hablar, guiados por las preguntas del facilitador.

En ese lapso, todos nos conectamos de manera directa, nos escuchamos y consideramos respetuosamente cada expresión y perspectiva, en una dinámica que nos retornó a un aspecto esencial: la comunidad, nuestro reconocimiento como seres interdependientes.

Si se piensa bien, esta visión es la base de constituir una cultura de paz, de fortalecer la conviviencia entre los seres humanos. Si nos reconocemos como parte de un complejo sistema, conformado por interacciones múltiples, sabremos que hace falta mantener la atención hacia los otros, para poder integrar el entendimiento y la participación para el abordaje de conflictos y desigualdades.

La paz emerge como resultado de los encuentros y conversaciones entre las personas, a nadie le pertenece pero depende de todos. Esto es lo que pasa con los elementos más importantes del bienestar humano, que se originan y tienen su base en la noción de comunidad, en la responsabilidad compartida.

Recientemente he vuelto a conversar con Miguel, a través de una entrevista que la periodista Valeria Maduro y yo le hicimos para el podcast Hacia el Otro. En ese encuentro, expresó: «La cultura de paz es promover una serie de valores y comportamientos que ayudan a prevenir el conflicto para que podamos vivir en armonía. Para eso es importante recordar que todas las personas estamos interconectadas».

Las prácticas restaurativas son un paradigma diferente, que privilegia las necesidades de quienes están involucrados en un conflicto. Su búsqueda, como todas las prácticas asociadas a la Innovación Social, es la de fortalecer el tejido social, a través de procesos en los que las personas en pugna son escuchadas, reconocidas y reintegradas a la comunidad.

El compromiso sostenido es el de buscar activamente la paz y gestionar el conflicto. Cuando una persona infringe un daño a otra, produce una separación que debe ser abordada y reparada. ¿Cómo se plantea desde las prácticas restaurativas?

  • Es importante separar a la persona de la acción. La acción se condena, se rechaza, no es aceptable porque ha provocado un daño a otro; la persona, por otro lado, necesita entender las consecuencias de sus acciones, reparar su falta y entonces ser reintegrada a la comunidad. Se privilegia el sentido de humanidad y los derechos de todas las partes involucradas.
  • Esto supone, entonces, que todas las personas nos reconocemos como «víctimas y agresores». Se trata de un ejercicio exigente, que requiere de reflexión y sensibilidad: todos los seres humanos, en algún momento de la vida, hemos ejercicio un perjuicio a otro. De este modo será más sencillo el ejercicio de la compasión y la restitución del sentido de comunidad.
  • Se reintegran a la comunidad tanto la persona que sufrió el daño como quien lo ejerció.

Estas ideas han tenido siempre una fuerte resonancia en mí y aquella tarde en que participé en ese círculo de diálogo tomaron un nuevo sentido. Un objeto llamado «pieza de diálogo» fue pasando de mano en mano, «de modo que quienes más hablan deben esperar su turno y quienes hablan poco comparten sus ideas sin presión y son escuchados» explicó Miguel; en un proceso virtuoso en el cual todos nos sentimos seguros y considerados.

Se generó de inmediato la experiencia del encuentro, del reconocimiento, de la integración de todas las personas en ese círculo. Emergió de manera clara y tangible el sentido de comunidad, de ser en la medida en que reconocemos el ser de los otros, como recoge la expresión sudafricana Ubuntu: yo soy porque nosotros somos.

Un concepto antiguo que se ha convertido en el centro de las propuestas más innovadoras para la participación comunitaria y los procesos sostenibles hacia el bienestar: al estar interconectados, se requiere de la participación de todas las personas para abordar los problemas sociales. Somos necesarios todos, ninguna persona debe ser descartada, porque entonces no podremos mejorar nuestra condición ni sostener la convivencia y la paz.

Todos los abordajes de innovación social, metodologías centradas en el ser humano, procesos de creatividad grupales o colectivos para plantear soluciones a determinado desafío, pasan por este principio de reconocimiento de los otros, de diálogo y escucha, de reconexión e integración.


En el camino por seguir fortaleciendo nuestra capacidad para la innovación y el fortalecimiento del tejido social, recomendamos explorar la oferta formativa de CIRCULA | por Asociación para Liderazgo en Guatemala (liderazgoguatemala.org)

Aquí también el enlace al episodio sobre Cultura de Paz del Podcast Hacia el Otro:

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