Comunicación para el cambio de comportamiento (1)

En momentos como el actual, se ha puesto de relieve la necesidad de cooperación de toda la ciudadanía y organizaciones en los países del mundo, para la coordinación de acciones que permiten enfrentar y superar la emergencia del COVID-19 y la crisis que se ha generado como consecuencia.

Esto ha implicado, en muchos niveles, un cambio de paradigma, exigencia producida por una situación sin precedentes, caracterizada por la incertidumbre. Frente a esta realidad, las reacciones son diversas y van desde quienes resisten al cambio a la espera de la “vuelta a la normalidad,” hasta aquellos que están abogando por transformaciones en la política, la economía y las prácticas sociales.

Sea cual sea la postura que se adopte, lo cierto es que la pandemia está requiriendo cambios de comportamiento en todos los sectores sociales, una exigencia que parece se extenderá en el tiempo no solamente en lo que respecta a la conducta ciudadana, a la participación pública, sino también al manejo de los procesos de comunicación con las instituciones del Estado, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y, finalmente, con la población general.

Este texto es el primero de una serie en la que abordaremos algunas reflexiones y principios relacionados con prácticas de comunicación para el cambio de comportamiento. Esto es lo que consideramos esencial en el momento actual, para mejorar las prácticas comunicacionales:

  • Entender que se trata de personas comunicándose con personas. Esto es primordial para el abordaje de la comunicación, pues en todos los procesos y toma de decisiones están seres humanos que enfrentan sus propios temores, emociones y necesidades. Cuando entendemos esto, podemos abordar las dinámicas de comunicación de forma más humana y adecuada.
  • Tratar con dignidad a todas las personas. Se parte del principio de que todos tenemos capacidades y habilidades, así como recursos diferenciados para actuar y hacer frente a la crisis. Muchas veces se comete el error de subestimar a las personas en situación de vulnerabilidad, o a discriminar por distintos motivos. Pero es muy importante tratar a todos los seres humanos con dignidad, con respecto.
  • Abrir oportunidades de servir y participar. El trato digno lleva además a abrir canales de participación. En momentos de emergencia es necesaria la actuación rápida de un líder que pueda tomar decisiones, pero no es sostenible ni positivo que quienes están en posiciones de liderazgo se aíslen del resto de las personas. En situaciones críticas los seres humanos queremos participar y colaborar, de modo que si se abren oportunidades para ello muy pronto habrá una red de apoyo compartiendo las cargas de la situación que se enfrenta.
  • Elegir metáforas constructivas y dejar el discurso de guerra. Se ha normalizado el discurso de guerra para hablar de la actual emergencia, llegando a hablar el virus como un enemigo invisible y resaltando el número de decesos. Este discurso además se compagina con la exacerbación de los nacionalismos, combinación que lleva rápidamente a la violencia y la separación, a la discriminación y la agresión. El momento actual requiere de un uso distinto de la imaginación, abriendo la posibilidad de resaltar las acciones de cooperación, las historias de superación, las experiencias de personas que se han recuperado, el esfuerzo del personal de salud. La metáfora es la del liderazgo participativo, la del esfuerzo coordinado de todos, la interdependencia de un mundo de democracias y valores compartidos.
  • Compartir una narrativa de inclusión y esperanza. La narrativa inspiradora, movilizadora, que conecta, es de inclusión de todos, de cooperación con la población más vulnerable, de asumir los riesgos en la acción colectiva. De allí se produce la esperanza de poder superar la adversidad actual sobre una base real y experimentada a través de la cooperación. Sin negar los desafíos actuales y los que se proyectan a futuro, se resalta la capacidad colectiva de hacerles frente y se fortalece la resiliencia social.
  • Responder a las necesidades de información que tienen las personas. Esto requiere escuchar las preguntas de las personas, de la población, las inquietudes reales que no se presentan como reclamos o como la idea que tienen unos pocos con acceso a hablar en los medios de comunicación; sino que son las dudas del colectivo, que pueden llevar a procesos de diálogo generativos. Igualmente, las respuestas no las tiene un solo grupo o únicamente las autoridades, sino que se elaboran en diálogo con todos los sectores.
  • Incluir a las personas en situación de vulnerabilidad. Ello exige un profundo cambio de paradigma y de formas de abordaje, porque se trata de escuchar y permitir su participación, con el impulso y desarrollo de sus habilidades de resiliencia, sus capacidades para generar cambios en sus propias vidas y tener impacto en la sociedad. Es fundamental incluir a todos en la conversación para poder encontrar soluciones sostenibles a los problemas que enfrentamos, avanzando así hacia la superación de las desigualdades.

Estos abordajes facilitarán el desarrollo de estrategias de comunicación y mensajes adecuados, no solamente para responder a la emergencia del COVID-19, sino para promover cambios profundos y duraderos conducentes al desarrollo humano y social. En su conjunto configuran una visión de las dinámicas de la innovación social.

Son además una base esencial de los procesos de comunicación para el cambio de comportamiento, como ideas fundamentales para el desarrollo de tácticas que conecten emocionalmente a través de la creación de imágenes para otra narrativa, que se vinculen a las aspiraciones de la población y faciliten la cooperación de todos los sectores sociales.

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